LITERATURA PARA SANAR
Tras su primera novela, Tocando lejos, Inma Villanueva saca a la luz su novela Allá de donde no vuelves, donde hay un cambio de registro narrativo. Si en Tocando lejos, el ritmo era de bolero, de sones caribeños, con una narración muy dinámica, viva y alegre, en su segunda novela, nuestra autora recurre a un ritmo mucho más pausado, un adagio de música clásica, construyendo una narración sin apenas diálogo, llena de descripciones y construida sobre el tono sepia de los recuerdos. La protagonista y narradora se encuentra en un tren y mientras viaja, escribe una larga carta a su madre. En ella, recuerda la vida de su madre, de su familia y la suya propia. Pero ese ritmo lento del viaje en tren (un tren de los de antes, no evidentemente un tren de alta velocidad, de hecho la protagonista declara su predilección por los trenes antiguos y su traqueteo) contagia de su movimiento a la narración, que va avanzando con lentitud y va deteniéndose en los detalles. En la literatura, no sólo es importante lo que se cuenta sino cómo se cuenta, y es sin duda una elección acertada el viaje en tren y la escritura de una carta, donde uno se detiene a pensar lo que quiere decir y es más reflexiva que una conversación. Cuando se viaja en tren, el tiempo queda, de algún modo, suspendido, como ocurre cuando se viaja a la memoria en busca de los recuerdos. Y además, en ese extrañamiento del viaje, la realidad adquiere un tono de desenfoque que nos hace por momentos dudar si estamos en la realidad o en un sueño, máxime si con el deslizamiento por las vías, el tren nos acuna y nos quedamos durante unos minutos dormidos o adormilados. Considero el primer gran acierto de la novela está íntima unión entre lo qué se va a contar y el cómo se va a contar. La narración tiene un tono de tristeza y melancolía que me recuerda en determinados momentos a la novela de Juan Rulfo, “Pedro Páramo”, y no sólo por el matiz de irrealidad, de ensoñación que a veces nutre la narración sino por el paralelismo con la obra de Rulfo, donde al igual que en la novela de Inma Villanueva, la mayoría de los personajes no están vivos o adquieren cierto
carácter de fantasmas, por muy vivo que sea el recuerdo que de ellos se tenga. Y aquí enlazo con otro aspecto que me gustaría destacar de la obra; la precisión y belleza de las descripciones. Voy a diferenciar dos tipos: la descripción de personajes y la descripción de lugares y las sensaciones que producen.
En la descripción de personajes, recorren la novela tanto familiares, con gran protagonismo, pero también vecinos del pueblo donde se ha criado la narradora o del barrio donde vive actualmente, los propios compañeros de viaje, viajeros del tren con los que interactúa brevemente. A cada uno dedica su momento, de cada uno recoge su historia, partiendo de una descripción breve, pero como dijimos precisa, una o dos pinceladas, uno o dos detalles retratan al personaje. A medida que avanzamos en la narración, se va generando el árbol genealógico y el mapa de relaciones de la narradora tanto del pasado como del presente. Para los seres humanos, nuestra memoria es un telar de historias y la protagonista nos muestra el suyo al tiempo que lo recupera gracias a ese ejercicio del recuerdo continuo que conforma la novela. También es reseñable la descripción de lugares, las casas donde vive la protagonista de niña, la casa de sus abuelos, la casa de sus padres posteriormente, su propia casa… pero son descripciones que van más allá de lo enumerativo, asociando con gran destreza, el lugar y las sensaciones que producen, las que guarda la memoria. Así nos encontramos ante el miedo, el frío, el desasosiego, el dolor y a veces, pocas veces, la alegría y los momentos de felicidad.
Es la novela de Inma Villanueva un buen ejemplo de cómo la literatura nos ayuda a vivir. La literatura para decir lo que nunca tuvimos tiempo de decir, especialmente a las personas que amamos, porque la vida tiene sus propios tiempos y sus propios planes y no siempre se acompasan con los nuestros. A menudo nos invade el sentimiento de ir a destiempo, con el paso cambiado. Y sólo las palabras, con su magia, son capaces de devolvernos la paz y el sosiego que sentimos cuando nuestro caminar lleva el mismo ritmo y cadencia del diapasón de la existencia. Una muy buena novela, bellamente editada por EDA Libros. Totalmente recomendable.



