viernes, 24 de abril de 2026

UNA NOVELA NECESARIA

 

 

¨LOS OJOS DE LA JÁBEGA” de Arturo J. Gálvez

Ediciones del Genal, Málaga, 2026

 

         Llega a nuestras manos la última entrega novelística de Arturo J. Gálvez, titulada Los ojos de la jábega. Tras la publicación de Todas las cartas de Selim (2016), Aquiles y la tortuga (o como Ingrid buenamente quiera) (2017) y Cádiar blues (2021), trilogía que se desarrolla en el espacio literario e irreal de Cádiar, trasunto de su ciudad natal, y la magnífica colección de cuentos de Relatos donde esconderse (2025), la nueva novela presenta algunas novedades sobre el hasta ahora mundo literario de nuestro autor. En primer lugar, la acción transcurre en su inicio en Málaga y luego en diversos lugares de la geografía española y europea, pero todos reales. En esta obra Cádiar queda de lado. Por otra parte, la nueva novela de Gálvez trata un tema histórico aunque no deja de estar de actualidad en nuestros días, algo que no había hecho en las anteriores entregas, digamos que nuestro autor ha querido darse un baño de “realidad”, aunque no podamos obviar que al tratarse de una obra literaria, hay mucha ficción entre sus páginas, tanto en la historia como en los personajes que la protagonizan.

         La historia nos relata los avatares de Sandrine Doinel, una cineasta francesa, de reconocido prestigio, que vuelve a España, a su Málaga natal, de donde huyó durante la Guerra Civil española, en lo que se conoce popularmente como “la desbandá”. A través de su huida, siendo niña, sola, su padre queda atrás, conocemos el sufrimiento y la peripecia vital que marcó la vida de miles de niños y niñas españoles del bando republicano que tuvieron que salir de su país, dejándolo todo: hogar, familia, trabajo, sueños… sometidos a una persecución implacable y destinados al más cruel de los azares.

En su periplo, Sandrine recorrerá la costa hasta Almería, después todo el levante hasta Cataluña, cruzará los Pirineos hacia Francia, recalará en Bélgica y terminará instalándose en París, donde desarrollará su vida profesional y artística. A Sandrine, arquetipo de esos niños y niñas de la guerra, le acompañan en su huida muchos otros personajes, varios niños y niñas, dos maestros republicanos que los cuidan hasta salir de España, un joven soldado republicano de Cádiz, que cuida a Sandrine durante el viaje porque así se lo promete a su padre y otros personajes, históricos en algunos casos, que también se cruzan con ella, como Tina Modotti. La narración está intercalada de documentos de todo tipo, que van dando voz a otros personajes y nos van situando en el contexto histórico y la sucesión de los hechos. Así encontramos un reportaje periodístico de Camila Weil sobre las colonias infantiles donde la República alojó, educó y atendió, durante la guerra, a los miles de huérfanos y huérfanas que estaban desamparados. Ellos son los primeros que sufren las consecuencias de la guerra al ser los más vulnerables e indefensos. En esto, la novela está de rigurosa actualidad, porque ahora estamos viendo el mismo sufrimiento en Gaza y sur del Líbano. También aparece la declaración del soldado gaditano, Paco Espadas, ante el tribunal militar que juzga el comportamiento del coronel Villalba, jefe de las fuerzas republicanas en Málaga y que abandonó la ciudad y a sus habitantes, antes de que fuera tomada por el bando rebelde sin oponer ninguna resistencia. Y una entrevista realizada por Camila Weil a Sandrine Doinel.

         En ocasiones hay gente que se queja de “otra novela más, otra película más sobre la Guerra Civil” como si fuese un tema agotado, pero la realidad es que las novelas que recuperan la memoria de lo que pasó y de sus protagonistas, especialmente del bando republicano porque fue silenciada durante toda la dictadura y también, de algún modo, con la transición, son necesarias. Los ojos de la jábega es una novela necesaria porque aparte del testimonio que supone, nos hace enfrentarnos a nuestro presente. Asistimos, a veces con incredulidad, a una defensa inaudita de la dictadura franquista y a una reivindicación del fascismo por los jóvenes cuyo gran pecado es su juventud ausente de memoria. Algo hemos hecho mal para que la polarización se haya instalado en nuestra sociedad y los bulos y mentiras sustituyan al rigor histórico y la verdad. Por eso son necesarias estas novelas, como la de Arturo J. Gálvez, para devolvernos al camino de la realidad histórica y reivindicar la memoria del pueblo por encima de la propagación de falacias e irrealidades. La intención de la obra se resume en una oración: “La verdadera democracia sólo puede nacer de un pacto para el recuerdo, no para el olvido”. La herida que se abrió en España con la Guerra Civil, nunca se ha cerrado, por eso se siguen escribiendo novelas y haciendo películas sobre el tema. Si la llegada de la democracia, tras la dictadura, hubo de basarse en un pacto sobre el olvido, tras casi medio siglo de libertad, de leyes democráticas, es hora de exigir el cumplimiento estricto de la ley de la memoria histórica o como se llama ahora, la Ley de Memoria Democrática, que busca el reconocimiento de las víctimas de la Guerra Civil y del franquismo y de sus descendientes, otorgándoles la nacionalidad española a hijos y nietos de exiliados, entre otras medidas. Restituir el honor de los que defendieron el gobierno legal de la República frente a la rebelión militar. Recuperar la memoria frente al olvido y el silencio. Algo que lleva haciendo la literatura española desde hace mucho y que tan magníficamente bien hace Arturo J. Gálvez en Los ojos de la jábega.

 


 

viernes, 10 de abril de 2026

BREVE NOTICIA DE DOS NUEVAS LECTURAS

                                                             

En primer lugar, Las jefas de Esther García Llovet. Una nueva entrega de esta escritora que ha ido creando un mundo narrativo propio y al margen de modas, la acción se desarrolla en ese espacio mítico-real del levante español, como ya ocurriera con Sánchez, moviéndose con soltura entre lo irreal y lo verdadero, entre lo excelso y lo marginal. Destacable, como siempre en sus obras, su capacidad para reflejar el lenguaje de la calle, y a través de las referencias culturales, sociológicas…de sus elecciones continuas, ir estableciendo sin juzgarlos, la catadura moral de sus personajes, con sus contradicciones, su ternura, su necesidad de amor y su lucha por la supervivencia. Magnífica novela que agranda la senda literaria de esta autora tan singular como valiosa.

          La otra lectura es la nueva entrega de Jesús Marchamalo, Tres amigas, con ilustraciones de Antonio Santos, y que hace el número diez de biografías de escritores y escritoras que publican en Nórdica. En este caso se rinde homenaje a Carmen Laforet, Ana María Matute y Carmen Martín Gaite. Tres excelentes escritoras españolas que marcaron la literatura española del siglo XX. Con esa habilidad aparentemente sencilla, pero tan compleja en el fondo, Marchamalo es capaz, con dos o tres pinceladas biográficas y literarias, de hacer un retrato fidedigno, admirativo y amoroso de las autoras retratadas. De su carácter y su compromiso con la literatura y al tiempo con su condición de mujeres y escritoras. Magníficas ilustraciones de Antonio Santos que perfilan en imágenes la peripecia vital de estas tres mujeres.

Dos lecturas sinceramente recomendables.

 
 

 

 

viernes, 6 de marzo de 2026

CRONOTOPOS: VIDA , MEMORIA Y LITERATURA

 

 

He disfrutado hoy con la lectura del número 21 de la colección “Relatos del desertor del presidio”. El cuento se titula “Cronotopos” y es del escritor andaluz Ángel Olgoso. Las ilustraciones son del pintor Antonio Madrigal. Y como siempre, bajo la magnífica supervisión de Pedro Tabernero, que reuniendo escritores y artistas plásticos excepcionales, consigue dar a luz libros hechos para perdurar en el tiempo, por su calidad única en fondo y forma. Algo de lo que los lectores nos congratulamos.

         Cronotopos, el título del relato, es un concepto sacado de la obra de Mijail Bajtín que se define como la “conexión indisoluble entre las relaciones temporales y espaciales en la literatura” y se convierte en el eje central que vertebra toda la narración, en la medida en que si la literatura es capaz de romper la continuidad racional del eje espacio-tiempo, en el cuento, pura literatura, sus protagonistas relatan cómo es posible romper ese mismo eje en la vida real que vivimos, estableciendo un nuevo “cronotopos” entre vida y literatura, ya que la vida y lo que vivimos no es sólo un recuerdo del pasado sino también la forma en qué lo contamos, lo narramos. Los protagonistas son Ricardo Marcén, hombre capaz de viajar en el tiempo, de ser testigo de momentos épicos de la humanidad, por ejemplo, “la primera vez que un neandertal levantó la cabeza hacia la noche estrellada” o espía de instantes casi marginales, pero de gran peso en el avance cultural de la humanidad, como cuando a la espalda de Covarrubias, ve cómo escribe alguna de las etimologías que incluirán en su obra “Tesoros de la lengua castellana” y su antagonista, Amador Niebla, “cazador” enviado por la organización Qliphoth, para detenerlo, cosa que consigue junto a su compañero Sepúlveda. Tras su detención, lo llevan a un piso franco de la organización en Madrid, donde durante varios días, ya a solas, los dos protagonistas, entablarán un diálogo, iniciado por Amador, en el que Ricardo Marcén contará el origen de su don, siendo él el último de los seres que lo posee, y el carcelero, que a través de preguntas muy pensadas, hará que le muestre sus secretos, sin saber que al hacerlo, caerá en una telaraña de la que no escapará, y que no es otra que el arte del relato, el abrazo de una historia bien contada. Surge ahí la contaminación e identificación entre detenido y el que lo detiene, un síndrome de Estocolmo al revés, que provocará el desenlace final del cuento.

            


 

         Ángel Olgoso, es capaz, en ese diálogo, con algo de socrático, que habla sobre espacio y tiempo, pero también sobre vida, historia, los recuerdos, la memoria, la ficción, lo real y lo soñado, lo imaginado, y un abanico casi infinito de temas, de sintentizar en pocas páginas el avance de la cultura humana, sus pasos y retrocesos, sus luces y sus sombras. Pero no sólo brilla nuestro narrador por su hercúlea capacidad de síntesis sino también por el cómo, el uso de un lenguaje que abre sus capacidades expresivas al máximo y que con su afinada significación y belleza, hace que el relato vaya penetrando en nuestra mente y corazones, y nos conquiste, del mismo modo que le sucede a Amador Niebla, siendo Ricardo Marcén la “Sherezade” de este fantástico relato. Para que nada se pierda, Amador nos confiesa que ha ido grabando sus conversaciones con Ricardo, porque intuye y comprende que está asistiendo a otro único e irrepetible de esos cronotopos a los que viaja Ricardo Marcén. Un momento que tiene que fijarse para la posteridad, que no son sino los humanos que vendrán detrás, y a los que ayudará a entender su presente, pues como afirma Ricardo Marcén en una de las primeras conversaciones con Amador, somos “una pequeña isla de presente rodeada de un océano de pasado”.

         Ángel Olgoso nos entrega una muestra más de su don excepcional para el cuento, no en vano, sus relatos han sido premiados, traducidos y aparecen en varias antologías, siendo considerado uno de los grandes autores de dicho género, donde puede comparársele con otros autores que dieron carta de gran naturaleza a un género muchas veces considerado menor, me refiero a Cunqueiro, Borges, Cortázar, entre otros, narradores capaces de generar en unas pocas páginas, universos enteros, como hace Olgoso, y de enamorarnos con el discurrir de su prosa, la elegancia del vocabulario y la precisión de su sintaxis. Dice en su famoso decálogo sobre el cuento, otro cuentista excepcional, Julio Ramón Ribeyro, que en el cuento “no debe sobrar nada, cada palabra es absolutamente imprescindible” y en el caso de nuestro narrador eso es categóricamente así.

         Si como comentamos, el relato es magistral, con la misma importancia y peso en el libro, aparecen las ilustraciones de Antonio Madrigal, pintor de larga y destacada trayectoria, con trabajos en la revista La codorniz, Diario 16 o El país por citar sólo algunos medios donde ha colaborado. Son pinturas con un tono expresionista y cubista, de clara raíz vanguardista, con gran fuerza en el juego cromático y que acompañan magníficamente la imaginación y fantasía del relato. De nuevo, Tabernero ha enlazado con maestría a narrador e ilustrador para que dispongamos de una obra de arte donde palabra y color son dos caras de una misma moneda.

          



UNA NOVELA NECESARIA

    ¨LOS OJOS DE LA JÁBEGA” de Arturo J. Gálvez Ediciones del Genal, Málaga, 2026            Llega a nuestras manos la última entreg...